Almas

Alma, que palabra tan pequeña para la cantidad de sentimientos que alberga, no?.

Veintiún gramos dicen que pesa, etérea, imperceptible pero capaz de reavivar todos y cada uno de tus sentidos cuando consigues ver una.

Hay muchas clases de almas.

Las hay limpias, puras, buenas, de las que parece que sólo están en este mundo para hacer el bien a los demás, son las que menos pero, como las meigas haberlas hailas, así que si tienes la fortuna de encontrar una te recomiendo observarla y dejarte impregnar por su bondad.

Luego existen las almas grises, normalmente la mayoría sufren por desamor. Están cargadas de romanticismo con un puntito melodramático, llenas de tristeza, de melancolía, con tendencia a volverse oscuras capaces, si las dejas, de arrastrarte a un abismo del que es muy difícil escapar y cuando lo consigues tu propia alma ha perdido parte de color, brillo y hasta un poquito de esencia. Aún así atraen por su gran sensibilidad y su belleza.

También están las almas desenfadadas, siempre están sonriendo, lo hacen espontáneamente como el agua que rebosa de un manantial. Llenas de positivismo y con ganas de compartirlo, sólo ven lo bueno de los demás aceptándote tal y como eres sin importarle los defectos. A estas hay que mimarlas, cuidarlas, darles todo tu afecto y cariño porque si se marchan notarás un vacío inmenso.

Y como último ejemplo las que más llenan, las que más calan pero a la vez las más peligrosas por el dolor que, sin querer, causan…, las almas libres. Para estas serían necesarias como poco mil páginas a dos caras para poder mínimamente describirlas. Tienen tal carisma y magnetismo que sin proponérselo te conquistan y te arrasan sin remedio. Independientes pero, a la vez, poseedoras de gran empatía, valores y elegancia. Pueden llegar a parecer hasta solitarias, pero si te ven y sabes verlas comienzan a formar parte de ti desde el minuto cero. Su mera presencia te alegra el alma, la vida y, si me apuras un poquito, hasta la existencia.

Son tan fascinantes qué cuando desde una rendija te dejan mirar hacia su interior, (porque además de discretas son muy suyas) automáticamente piensas que son almas para entrar a vivir porque enamoran, atrapan tanto que dejas de pensar con lógica y lo único que anhelas es que te dejen la llave para mudarte allí dándote igual el precio que tengas que pagar por ello.

Pero son almas libres, no hay que olvidarlo y desde el momento en que aparecen en tu vida, (siempre sin buscarlas porque son ellas, y no me preguntes cómo, quienes terminan encontrándote) te dejan claro que un día se marcharán.

Mientras tanto, tienen el don de convertirse en musas inspirándote, en curanderas besándote las heridas del corazón y del alma, sanándote a base de tiempo, paciencia, afecto, cariño, mimos, ternura, besos, risas y hasta dibujándote garabatos que te iluminan la sonrisa y la mirada y, cuando consideran que tus heridas, tu corazón y tu alma están curadas y bien cicatrizadas, te ayudan a abrir la alas y te sueltan para que vuelvas a volar por ti mismo, todo esto sin pedir nada a cambio. Es entonces cuando desde la distancia observan como izas de nuevo el vuelo y comprendes que se acerca el adiós.

Una vez completado el ciclo por el que habían aparecido empieza su despedida, al principio no del todo, no, porque aunque no las veas y no estén tan pendientes de ti como antes siempre están cerca, cuidándote. Se van despidiendo discreta y paulatinamente, sin sobresaltos con mucha diplomacia, intentando que sea indoloro, aunque la mayoría de las veces es inevitable que duela porque quieras o no te has encariñado con ellas.

Por eso hay que saber agradecer por tanto, por todo lo que te han aportado, entender y respetar el porqué de su partida sin reprochar y, con una inmensa sonrisa, dejarlas marchar con la esperanza de volver a reencontrarlas y abrazarlas en algún tramo del camino de tu vida.

2 comentarios sobre “Almas

  1. El destino te trajo un día a mi vida y me siento afortunada por ello. Mi felicitación y enhorabuena por tu maravilloso artículo sobre las almas. Yo solo te diré una cosa: Ojalá hubieran o hubiesen más almas como la tuya. Gracias por llegar a mi vida y permanecer en ella.

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