Corazón

Dicen que el corazón es un músculo de más o menos 250 gramos, dicen…

Y no lo dudo, pero yo lo considero como una maleta que tiene el maravilloso don de expandirse y engrandecerse con el equipaje que vamos recopilando en nuestra vida y metiendo dentro.

Es esa maleta preferida que todos tenemos, la que te llevas y te acompaña a todas partes, la que intentas cuidar, para que te dure durante todo el trayecto. Va impregnándose con todo aquello que te hace feliz y, como si fuera el perfume más embriagador del mundo, ahí se queda.

Es necesario y bonito compartirla, unas veces con acierto y otras no, porque te hace feliz saber que así se llenará de vivencias bonitas, de experiencias y emociones nuevas, se llenará con esos sentimientos que aportan otros y cada vez que mires dentro, lo harás con una sonrisa de felicidad al recordar a quienes la tuvieron en sus manos, que la supieron cuidar, la mimaron, al considerar el préstamo como un regalo hacia ellos, aunque compartir es el verdadero regalo y cada vez que lo haces la sientes eufórica y llena.

También es cierto, que en ocasiones te da miedo prestarla, sabiendo que nadie la cuidará como tú la cuidas, pero aún así, lo haces.

Es bonito prestarla, si, pero también hay que tener cuidado y mirar muy bien a quien, porque con el paso de los años, también la compartes con quien creías que la trataría con cuidado, con cariño, con respeto y la deja abandonada en cualquier rincón, ajada, llena de cortes, rota, estropeada tan impregnada de tristezas que al intentar cogerla te contagian y sufres lo indecible al ser incapaz de abrirla para que pueda seguir llenándose de cosas buenas, y le vas poniendo parches y termina perdiendo el color y el resplandor que un día la caracterizaba, y todo, por dejarla en las manos equivocadas, y terminas sintiéndote culpable aunque no hayas sido tú quien la descuidó.

Pero no os preocupéis, siempre aparece alguien o algo que te devuelve las ganas y energía para arreglarla, para recuperarla, para darle un lavado por dentro y por fuera y vaciarla de todo lo negativo y triste que metieron en ella y te esfuerzas en devolverle el porte y el carisma que tenía antes de prestarla a quien no la mereció.

Es lo bueno de esa maleta llamada corazón, que aunque te la devuelvan rota una y otra vez, siempre hay un qué o quién que te impulsa y te ayuda a repararla, y te sientes encantada de poder volver a abrirla, a llenarla, a compartirla y cómo no, a prestarla a quien le haga falta.

4 comentarios sobre “Corazón

  1. Un puerto seguro
    Un sostén firme
    Un apoyo infalible
    Un acompañante valiente que no tema ni tu sombra ni tu luz
    Un guerrero … así es mi corazón y así me brindo a los demás … de corazón.

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    1. Con permiso.

      No hace tanto se descubrió que estás también inervado, llegan a él, o desde él, fibras nerviosas. Quizás por eso tomamos decisiones con el corazón.

      Interesante metáfora la de la maleta que habla de su capacidad de impregnarse de cuanto le sucede.

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